(en boca del segundo hijo
de Martín Fierro)
No andés cambiando de cueva;
hacé las que hace el ratón.
Conservate en el rincón
en que empezó tu esistencia:
vaca que cambia querencia
se atrasa en la parición.
Y menudiando los tragos
aquel viejo, como cerro,
“No olvidés”, me decía, “Fierro,
que el hombre no debe crer
en lágrimas de mujer
ni en la renguera del perro.”
El que gana su comida
güeno es que en silencio coma;
ansina, vos, ni por broma
querás llamar la atención:
nunca escapa el cimarrón
si dispara por la loma.
A naides tengás envidia:
es muy triste el envidiar;
cuando veás a otro ganar,
a estorbarlo no te metas:
cada lechón en su teta
es el modo de mamar.
Los que no saben guardar
son pobres aunque trabajen;
nunca, por más que se atajen,
se librarán del cimbrón:
al que nace barrigón
es al ñudo que lo fajen.
Donde los vientos me llevan
allí estoy como en mi centro;
cuando una tristeza encuentro
tomo un trago pa alegrarme:
a mí me gusta mojarme
por ajuera y por adentro.
José Hernández, Martín Fierro,
Canto XV (fragmentos).
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